Hoy soñé contigo, abuelita:


Hoy me acordé de ti, abuelita:


Nunca me desperté llorando. Claro, hasta hoy. A mis 31 años y con una sensación de regreso, como si se hubiera tratado de Richard Collier en "Somewhere in time” (1980) encontrando una moneda de 1979, mientras era feliz en 1912 durante su viaje por el tiempo. 


En ese sueño, abuelita, te abrazaba mucho en una reunión de más de 20 personas, como en la vida real pasaba. Lo que no pasaba y que sí pasó en mi sueño fue que estaban todas y todos bailando, no recuerdo gente bailando en las reuniones que teníamos en tu casa de la  Morelos (Tepic).


En el sueño, tu eras el centro de todo. Yo con treinta y uno y tu de setenta y siempre, como te recuerdo de niño. Tú, te veías bien fuerte, lenta pero fuerte, con tu cabello grisáceo y cortito, los dedos de tus manos con ese tono rosa brillante, esos lentes casi oscuros y profundos en tu mirada toda misericordia.  


Yo ya sabía que nos íbamos a despedir en ese sueño. Alain y yo (en realidad los 4) nos acercamos y queríamos abrazarte mucho  y decirte que te agradecemos que nos hayas querido. 


En el sueño, me decías de forma encarecida algo como “agradézcanle a tu madre, ella fue pionera en la industria”. ¿Esto tenía sentido? Así son los sueños, sin sentido (o quizás si tenga). Estoy seguro de que querías decirme que cuidara a mi mamá, le agradeciera por estar aquí, por querernos. Creo que luego de algunos años comprendías, en el sueño, o fuera de él, que era igual que tú. 


En el sueño, encontraste las conclusiones necesarias para ver en mi madre una remota aliada y compañera, una amiga que siempre tuvo que sortear las mismas batallas, muy probablemente contra hombres y lugares injustos. En fin, nosotros la cuidamos, abuelita. Te quiere como tú a ella aunque nunca se haya dicho de la forma más inusual posible. 


En un momento te dije: "ya me voy a despertar pero te quiero agradecer muchísimo" y una vez despierto en la mañana, solté a llorar. Me vio grande y me vio bien, pensó en todas y todos, aunque sea un segundo, aunque sea en un sueño.


Pero aquí no, aquí no te puedo ver, salvo en verdes fotografías y en algunas memorias del par de niños parecidos entre ellos, que no sabían lo que significaba morir. Estoy seguro que al trascender, queda algo de lo nuestro para la eternidad, aunque pasen los años y aunque nadie lo sepa, el olvido no existe. Es todo. 

Comentarios

  1. No sabía que un texto podía hacerme volver a sentir algo que llevaba tantos años guardado. Gracias por poner en palabras un recuerdo que también es mío. Mientras lo leía, sentí que por un momento la volvimos a abrazar.

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  2. Saludos Alan, Alain, sin duda ella estaria orgullosa de lo que han logrado cada uno de ustedes.

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